Franco contra el comunismo: el muro que nos salvo del desastre

Franco contra el comunismo: el muro que nos salvo del desastre

Hoy muchos juegan a comunistas de salón desde su iPhone, gritando “fascismo” mientras beben café de Starbucks y exigen la renta básica universal. Pero lo que no saben, o no quieren saber, es que si pueden hacer eso sin estar en un gulag, es porque Franco plantó cara al comunismo cuando había que hacerlo. Sin titubeos.

Cuando el trabajador no era carne de pancarta, sino parte de la nación

Cuando el trabajador no era carne de pancarta, sino parte de la nación

Hoy los sindicatos son oficinas de subvenciones, coros del gobierno de turno y refugio de liberados que no han dado un palo al agua desde que firmaron su primer contrato. Están más preocupados por defender ideologías que por defender trabajadores. Pero hubo un tiempo sí, ese tiempo maldito que algunos fingen no recordar, en el que la representación obrera era directa, efectiva y no estaba secuestrada por partidos ni intereses espurios. Ese tiempo fue el del Sindicato Vertical, durante el franquismo.

Cuando el orden se vestía con elegancia y la patria tenía presencia visual

Cuando el orden se vestía con elegancia y la patria tenía presencia visual

Nos han acostumbrado a políticos disfrazados de colegiales, a ministros en zapatillas y a manifestaciones que parecen fiestas de disfraces con purpurina y pancartas mal escritas. Pero hubo una época en la que la estética del poder imponía. En la que la presencia del Estado se notaba, se respetaba… y sí, se admiraba. Esa época fue la del franquismo. Y su imagen, lejos de ser un detalle menor, formaba parte de su fuerza. Porque Franco no solo gobernaba con firmeza: lo hacía con estilo.

Cuando Franco protegía lo que hoy quieren destruir

Cuando Franco protegía lo que hoy quieren destruir

En la España de hoy, decir “familia tradicional” es poco menos que invocar a Satanás en una reunión de progres. Los políticos se llenan la boca de “nuevos modelos” mientras dinamitan el único que de verdad ha funcionado: el de toda la vida. Padre, madre, hijos, responsabilidades claras y valores compartidos. ¿Y sabes quién sí defendía eso sin pestañear? Franco. Y por eso molaba.

Orden, autoridad y respeto: las tres cosas que Franco impuso y hoy brillan por su ausencia

Orden, autoridad y respeto: las tres cosas que Franco impuso y hoy brillan por su ausencia

Hay una verdad que muchos callan por miedo a ser etiquetados, y es esta: en tiempos de Franco, podías andar tranquilo por la calle. De noche. Solo. Por barrios donde hoy no se te ocurriría pisar sin mirar atrás cada cinco segundos. ¿Por qué? Porque había autoridad. Había ley. Y había respeto. No el respeto de boquilla que exigen los políticos progres mientras revientan la convivencia con su dejadez, sino el respeto real, el que impone la certeza de que, si haces el cafre, pagas.