Torrente o la paradoja del progresismo.
No me he gastado un duro en ver la última producción de Santiago Segura en su papel de Torrente. Tampoco lo hice con ninguna de las cuatro películas anteriores (cinco, según me corrige un rápido vistazo en el buscador de referencia). Sin embargo, es casi imposible no conocer mínimamente al personaje, icono subcultural de la España del siglo XXI, a quien todo el mundo identifica por unas mínimas características básicas: colchonero, sucio hasta lo asqueroso, vicioso hasta lo pervertido, corrupto, inepto, vago, aprovechado y… facha.
