Cuando España no pedía permiso para ser España

Cuando España no pedía permiso para ser España

En una época en la que nuestros gobernantes corren a Bruselas con la mano extendida y la rodilla doblada, cuesta imaginar que hubo un tiempo en que España decidía por sí misma. Que no necesitaba la bendición de tecnócratas europeos ni el chantaje constante de la OTAN o del FMI. Ese tiempo fue el franquismo. Y no por capricho, sino por principios. Porque Franco entendía algo que hoy ningún político tiene el valor de defender: la soberanía nacional no se negocia.

La España moderna se construyó con pico, pala y planificación militar

La España moderna se construyó con pico, pala y planificación militar

En España, usamos a diario el legado de Franco. Nos beneficiamos de él sin decir gracias, como si las carreteras hubiesen crecido solas, como si los trenes los hubiera traído el viento y como si los pantanos se hubieran excavado por generación espontánea. La verdad es otra: la España moderna, la que pisas, conduces y bebes, fue construida bajo su régimen. Con visión, con huevos y sin comités de expertos que no saben ni abrir una caja de herramientas.

Cuando se enseñaba de verdad: La educación en tiempos de Franco

Cuando se enseñaba de verdad: La educación en tiempos de Franco

Hoy la educación en España es una ruina. Lo dicen los informes internacionales, lo sufren los padres, lo ven los profesores y lo comprueban, con dolor, los chavales que salen del instituto sin saber ni escribir una carta. Pero hubo un tiempo, sí, ese tiempo que tanto se empeñan en pintar de gris, en que se enseñaba de verdad. Se enseñaba con orden, con esfuerzo, con disciplina. Se enseñaba para formar personas útiles, no activistas de TikTok. Ese tiempo era el franquismo.

NO-DO: Cuando los medios servían a la nación y no al caos

NO-DO: Cuando los medios servían a la nación y no al caos

Hoy enciendes la tele y solo ves ruido: tertulianos a sueldo berreando, debates manipulados por intereses de partido, propaganda ideológica disfrazada de “periodismo independiente” y medios que cambian de opinión según quién les pague mejor ese mes. Pero hubo un tiempo en que la información no era un circo. Un tiempo en que los medios servían al país, no a la confusión. Un tiempo en que, antes de la película en el cine, se proyectaba el NO-DO.