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1936. El General Francisco Franco es investido Jefe del Estado Español.Por Carlos Fernández Barallobre

El jueves uno de octubre de 1936, tuvo lugar en el palacio de la VI División Orgánica del Ejército de Tierra, con sede en Burgos, la toma de posesión del general Francisco Franco Bahamonde como Jefe del Gobierno del Estado Español

Fue un acto sencillo, pero lleno de grandeza y trascendencia histórica.

Cuando el general Franco, llegó a la Plaza de Alonso Martínez, donde se hallaba  situado el edificio de la División Orgánica, un gentío que la ocupaba materialmente, prorrumpió en vítores y aplausos hacia la figura del General.

Fue un momento de enorme entusiasmo. Sonaron el Himno Nacional y el Cara al Sol, entonado de forma vibrante, como resaltaría la prensa al día siguiente. Tras ello, estalló un aplauso frenético sobre el cual se alzaron las incesantes aclamaciones estentóreas de la multitud.

Fueron vítores constantes, dirigidos al Caudillo insigne. Al salvador de España. El Jefe del Gobierno del Estado Español revistó las tropas que le rindieron honores de ordenanza y correspondió sonriente a las unánimes demostraciones de entusiasmo de los burgaleses.

Después de saludar a los miembros de la junta de Defensa Nacional y a las autoridades que le esperaban, subió al palacio. Desde el balcón principal del edificio de la sexta División se dirigió el generalísimo a las fuerzas armadas y a la multitud que invadía, apretujándose, toda la zona, en estos términos:

“¡Españoles! Noble pueblo castellano, corazón de España, tierra de hidalguía y de nobleza. Representáis a lo que iba a desaparecer, lo que atacaron las hordas rojas, prometedoras de un materialismo despreciable, mientras intentaban derrocar los cimientos de la vida nacional, todo lo que alienta en el noble corazón de los españoles, más difícil de nuestra historia, dejando en libertad los instintos más bajos y ruines y despreciables de la bestia humana que labró sus huellas crueles en tierras de Andalucía y Extremadura”.

1936. Burgos. La plaza de Alonso Martínez, abarrotada de gente con motivo de la exaltación del General Francisco Franco a la Jefatura del Estado.

“La barbarie más grande de la historia” –continuó Franco- “hizo su aparición como no pudiera imaginarse, pues parece no cabe en el corazón humano salvajismo tan exacerbado.

Puesta España en pie, navarros, castellanos, gallegos, andaluces, aragoneses, todos, toda España en pie, se dispuso a combatir v dominar aquellos brotes de barbarie desatada.

Dominada la ola de salvajismo, necesita y ansía España un Gobierno de autoridad, un Gobierno para el pueblo. Entendedlo bien, y que nadie se engañe: no un Gobierno en que prive el capitalismo; que venimos para atender a la clase media, para atender a las clases humildes.

Los militares tenemos una palabra, y sabemos cumplirla. Lo mismo que, cuando estábamos a más de 400 kilómetros de distancia, dijimos a los que estaban en apuro: iremos a salvaros, y lo hicimos, así os decimos ahora a todos vosotros: en ningún hogar dejará de encenderse la lumbre, ninguna familia carecerá del pan cotidiano.

Porque quienes tienen más han de desprenderse de lo que es necesario a los que menos o nada tienen. Y nosotros hemos de obrar con mano suficientemente dura para imponer esa norma.

Pero sabedlo bien; os exigiremos, en cambio, aquel espíritu de sacrificio v de amor a España que la Patria requiere de todos. Los soldados, los obreros, los empleados, los ciudadanos todos, tienen derechos y tienen deberes ineludibles que cumplir, para que se cumpla el designio de que España ilumine al mundo entero con los reflejos de su grandeza, como acaba de deslumbrarlo con los destellos del heroísmo de los defensores del Alcázar toledano.

En España se ventilan hoy los intereses de la civilización mundial, que no es cosa nuestra, que hemos recibido de nuestros antecesores y tenemos la obligación sagrada de conservar y defender.

Vais a resucitar a la Imperial España, que no es tampoco nuestra, que es un legado de nuestros mayores y no podemos dejar que se pierda o se malogre.

¡Por Dios y por la Patria! ¡Creer en Dios y rendir culto a la Patria! Quien no ama a Dios, quien no venera a su Patria y rinde devoción a la Familia, no es hombre, no es nada.

¡Españoles! Sólo tengo corazón para España, y se me rompe el corazón gritando: ¡Viva España! ¡Viva España! ¡Viva España!”

La entusiastica y cerrada ovación que resonó tanto en el palacio como en la plaza fue impresionante.

Volvió a sonar la música. La banda de Requetés navarros dejó oír también una briosa diana, interpretando asimismo los acordes del Oriamendi.

Los vítores al general Franco fueron tan entusiastas como inacabables. Fue sin duda algo apoteósico.

El locutor de Radio Castilla, que había presentado el acto,  terminó así su intervención: “Españoles: [España está en pie y a su frente se halla un hombre esclarecido! ¡El Generalísimo Franco!

Ya en el salón principal del palacio, en presencia de la Junta de Defensa en pleno; del Ejército, representado por los generales—Mola entre ellos—jefes v oficiales de la guarnición de Burgos; de las autoridades civiles y militares y del Cuerpo diplomático que con ellas se había situado a uno de los lados del salón, representaciones calificadas y demás invitados, tuvo lugar la transmisión de poderes

El veterano general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional,  se adelantó unos pasos a sus compañeros de la Junta, y en breves y sentidas palabras hizo entrega al general Franco de los poderes de que estaba investida.

Ensalzó la gloriosa vida militar del caudillo, seguida austeramente paso a paso; después de aludir a los hechos que acaban de sucederse se congratuló de que, cuando la victoria está asentada, sea él, Franco, quien haya de regir el nuevo Estado, haciendo honor a las virtudes de la raza.

Terminó con vivas a España y al Jefe del nuevo Estado español.

Las palabras con que el Jefe del Gobierno del Estado, Generalísimo de las Fuerzas Nacionales contestó a las del General Cabanellas, fueron las siguientes:

“Mi General; señores Generales y Jefes que integráis la Junta de Defensa Nacional: Podéis estar orgullosos de vuestra obra; me entregáis una España; recibisteis pedazos de España; os alzasteis en guerra valerosa desplegando al viento la bandera de España, esa gloriosa bandera de oro y sangre encarnada en la tradición del pueblo, entrañada en la civilización occidental, para atacar a los hordas rojas de Moscú.

Al levantaros contra aquello, no defendíais solamente el honor y el porvenir nacional, sino los problemas que la civilización tiene planteados en el mundo, y para la solución de los cuales se demandaba del espíritu de España, lo que parecía iba faltando a los españoles”.

1936. Burgos. Palacio de la División Orgánica del Ejército de Tierra. El General Franco, ya nombrado Jefe del Estado español, hace uso de la palabra en un vibrante discurso.

“Hoy, con la victoria, llenos de orgullo y de nobleza, me entregáis a España.

Con lealtad de soldados, con nobleza de caballeros, con orgullo de españoles, ponéis en mis manos a España. Y yo os digo que mi mano será firme, que mi pulso no temblará, para defenderla, rescatarla, elevarla v mantenerla con la máxima dignidad. Elevaré a España a lo más alto o moriré en el empeño.

Lo haré así firme en el empeño, con falangistas y requetés, con los soldados y con los cadetes toledanos.

Para esta obra, os tengo a todos, y tengo especialmente a esta Junta de Defensa Nacional, que seguirá a mi lado, actuando con la sabiduría que ha demostrado v con su actuación, ejemplo de honor y de nobleza española”.

¡Arriba España! ¡Viva España!”

Una vez finalizado el acto, el flamante Jefe del Estado salió  a la calle, situándose,  entre grandes aplausos, en la puerta del palacio de la División,  desde donde presenciaría, junto a diversos miembros de la Junta de Defensa y otras autoridades,  el desfile  de las Fuerzas que habían rendido honores y otras de la guarnición  burgalesa.

Entre constantes vítores,  flamear de pañuelos  u gritos de ¡Franco!¡Franco!, el Generalísimo abandonó el palacio de la División,  dirigiéndose al palacio Muguiro en el parque de la Isla, donde se encontraba su cuartel y general y residencia.

1936. Miembros de la Junta de Defensa Nacional y otras jerarquías del Ejército presencian el desfile militar tras la proclamación del general Francisco Franco Bahamonde (tercero por la izda.) como Jefe del Estado. De izquierda a dcha.: general Germán Gil Yuste; general Fidel Dávila Arrondo; general Miguel Cabanellas Ferrer, presidente saliente de la Junta; general Francisco Franco;  general Emilio Mola Vidal; general Andrés Saliquet Zumeta.

Francisco Franco Bahamonde iniciaba así un mandato de casi cuarenta años, que llevaría  primero a la España Nacional  a la Victoria en la guerra de Liberación contra el socialismo y comunismo. Posteriormente, tras la llegada de la risueña primavera, al paso alegre de la paz, mantendría a España libre de la terrible y devastadora guerra mundial; sostendría a la Nación,  contra viento y marea, tras un injusto  y canallesco bloqueo de las naciones, que gracias a su no intervención,  habían logrado doblegar a la Alemania de  Hitler en los campos de batalla. Con su sabio mandato, altas miras de estadista y prudencia, ayudado por el pueblo español, cumplió lo que había dicho en su toma de posesión: «Elevare a la Patria a lo más alto» convirtiendo a España en la octava potencia industrial  del mundo. Ese fue su enorme legado.

Carlos Fernández Barallobre

La Coruña 1957. Cursó Derecho, carrera que abandonó para dedicarse al mundo empresarial. Presidente del Sporting Club Casino de la Coruña. Director de una residencia Universitaria y de actividades culturales y Deportivas del prestigioso centro educativo de La Coruña, Liceo. Vicepresidente de la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan de La Coruña y de la Asociación Nacional e Histórica Víctimas del Frente Popular. Apasionado de la historia, colaborador en diferentes medios escritos y radiofónicos. Proveniente de la Organización Juvenil Española, pasó luego a la Guardia de Franco. En 1976 pasa a militar en Fuerza Nueva siendo nombrado jefe Regional de Fuerza Joven de Galicia y Consejero Nacional. En posesión de la Orden del Mérito Militar de 1ª clase con distintivo blanco. Miembro de la Fundación Nacional Francisco Franco, en posesión del título de Caballero de Honor de dicha Fundación, a propuesta de la Junta directiva presidida por el general D. Juan Chicharro Ortega.

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