Ante el comunicado en nombre de la familia de D. Antonio Tejero Molina.

Desde la Plataforma 2025, queremos manifestar nuestra más genuina repulsa a la actuación del detentador de hecho del Vicariato General Castrense, Juan Antonio Aznárez Cobo, quien despóticamente ha negado al recientemente fallecido teniente coronel Antonio Tejero Molina las exequias fúnebres en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas, previstas para el próximo día 25.

Una vez más, la jerarquía clerical española escupe sobre los hombres de honor. ¡A cuántos otros soldados y guardias civiles hubo que sacar por la puerta de atrás de las iglesias, en aquella nefanda connivencia entre el poder político y religioso de la repugnante Transición! Más de una vez fue Antonio Tejero testigo directísimo de esos innobles comportamientos, ante los cadáveres, aún calientes, de los que habían caído asesinados por las alimañas que se refugiaban en tantas sacristías vascongadas, alentados por las lenguas viperinas y las mentes enfermas de unos sacerdotes y obispos que eran tan enemigos de Cristo como lo eran de España.

Aznárez Cobo actualiza y vivifica hoy la triste tradición de seis décadas de okupantes de sedes episcopales que han maniobrado y maniobran políticamente al servicio de oscuros intereses, en parte por convencido servicio al Mal, en parte por cobardía antiprofética, en parte por miedo a que se desvelen quizás aberrantes secretos de los que aquí y allá se oyen ecos.

Con honrosísimas y brillantes excepciones, esos “pastores” de dientes afilados y barbillas babeantes traicionaron al Caudillo, aprovechándose de su escrupulosa fidelidad a la Iglesia, constituyendo uno de los principales arietes de la demolición del Régimen desde el llamado Concilio Vaticano II. Ellos fueron imprescindibles artífices en la mayoritaria aprobación del texto constitucional sometido a referéndum, trayendo de nuevo a España el ateísmo y la inmoralidad de quienes, cuarenta años antes, estaban asesinando con bestial sevicia a siete mil obispos, sacerdotes y religiosos y a docenas de miles de seglares, por el mero hecho de ser católicos.

Ya prácticamente sin excepciones, ni honrosas ni brillantes, ese colectivo ha constituido en los últimos decenios el opiáceo de la parte del pueblo español que aún se movía en las coordenadas de una cultura católica, para someterlo a la inmundicia liberal del Sistema del 78. Por ellos, se han tragado todas las inmoralidades, cada vez más graves, una detrás de otra, en nombre de la “tolerancia”, la “convivencia” y la “moderación”.

Hoy le niegan a Antonio Tejero la postrera despedida litúrgica. No importa. Su hoja de servicios a la causa de Dios y de España será mucho mejor intercesora ante el Altísimo que cualquier oración que pronuncien esos labios manchados por la mendacidad y la impureza. Y todos los cristianos que sentimos admiración y gratitud hacia ese hombre, hacia ese último soldado de España, no dejaremos de encomendarle. Porque nos obliga la Fe, porque nos obliga el Honor.

¡ANTONIO TEJERO MOLINA!

¡PRESENTE!

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