Cuando emigrar no era una condena, sino una oportunidad planeada desde el Estado
Antes de que la palabra “despoblación” se convirtiera en una muletilla electoral para políticos sin ideas, el franquismo ya había entendido que había que mover a la población para que el país progresara. Pero no a lo loco, como ahora, sino con cabeza. Con planificación. Con dirección. Hablamos del gran éxodo rural que transformó la España del arado en una nación de obreros industriales, sin dejar tirado al que se subía al tren.