• PP, PSOE, la jeta de Fraga y una ley incómoda a ratos.

    líneas. Era, por lo que se dice, tan orgulloso como inteligente; un viejo médico de mi pueblo solía contar que se había encontrado a Manuel Fraga en las Milicias Universitarias, al parecer repitiendo su formación, porque en el año anterior había quedado sólo el número 2 de su promoción, y eso no podía ser bajo ningún concepto…

  • La izquierda avejentada

    Anuncia el gobierno español que se van a prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. No seremos nosotros quienes digamos que esta medida es intrínsecamente mala, al contrario; pero llama la atención que esta prohibición venga de quienes autorizan a esos mismos chavales a amputarse los genitales quirúrgicamente o a asesinar al bebé que llevan dentro, sin ninguna clase de control o permiso paterno, y con cargo al erario público, naturalmente. Sin entrar en consideraciones morales, no parece coherente la preocupación por la salud y la estabilidad mental de la población de esa franja de edad, a la vista de elementos tan contrapuestos.

  • Pedro quiere que le salga la cuenta.

    “Nada, viejo, que no me salía la cuenta; ahora está bien”, le contestaba Clint Eastwood a Lee van Cleef en la última escena de “La muerte tenía un precio”. Menos guapo, por más que él se lo crea, e igual de chulo, de eso no tenemos duda, ha debido de contestar en algún momento Pedro Sánchez a quien le preguntaba qué estaba ocurriendo, a raíz de algunos de los apresurados movimientos que se han venido sucediendo en las últimas semanas.

  • Franco y la transformación del campo español

    Cuando se habla del franquismo, casi siempre se piensa en política o industria, pero uno de los cambios más profundos de aquella época ocurrió en el campo. En los años cuarenta, España era un país eminentemente rural: más de la mitad de la población vivía del trabajo agrícola, muchas zonas seguían sin luz ni agua corriente y la mecanización era casi inexistente. Franco heredó un país devastado por la guerra, aislado internacionalmente y con un campo que apenas producía para sobrevivir. Su gobierno apostó decididamente por cambiar esa realidad y modernizar la vida rural desde sus cimientos.

  • Cuando el orden se vestía con elegancia y la patria tenía presencia visual

    Nos han acostumbrado a políticos disfrazados de colegiales, a ministros en zapatillas y a manifestaciones que parecen fiestas de disfraces con purpurina y pancartas mal escritas. Pero hubo una época en la que la estética del poder imponía. En la que la presencia del Estado se notaba, se respetaba… y sí, se admiraba. Esa época fue la del franquismo. Y su imagen, lejos de ser un detalle menor, formaba parte de su fuerza. Porque Franco no solo gobernaba con firmeza: lo hacía con estilo.