Franco contra el comunismo: el muro que nos salvo del desastre

Hoy muchos juegan a comunistas de salón desde su iPhone, gritando “fascismo” mientras beben café de Starbucks y exigen la renta básica universal. Pero lo que no saben, o no quieren saber, es que si pueden hacer eso sin estar en un gulag, es porque Franco plantó cara al comunismo cuando había que hacerlo. Sin titubeos.

El comunismo no fue una teoría bonita. Fue una plaga. Donde entró, trajo ruina, represión y muerte. Y en los años 30, España estuvo a punto de caer. El Frente Popular, con sus milicias armadas, sus checas, sus quemaiglesias y sus asesinatos políticos, ya había empezado a convertir el país en un estercolero soviético. Y entonces llegó Franco. Con orden. Con disciplina. Y con la determinación de frenar lo que habría destruido España por completo.

Durante su mandato, el comunismo no tuvo cabida. No porque se persiguiera la libertad, como repiten sin pensar los libros de texto moderno, sino porque se defendió la civilización. Se protegió a la nación de una ideología que allá donde triunfó, arrasó con todo: propiedad privada, religión, libertad individual, cultura, tradición. Donde mandó la hoz y el martillo, quedaron solo hambre y tumbas.

Franco no permitió que eso sucediera en España. Mientras en media Europa Oriental los pueblos eran sometidos al terror rojo, aquí se consolidó una sociedad donde se podía trabajar, formar una familia, tener una casa y prosperar. Aquí no hubo koljoses ni planes quinquenales delirantes. Aquí hubo estabilidad, crecimiento económico y paz social. ¿El precio? No dejar entrar a los que querían convertir el país en un infierno colectivista.

Y sí, se persiguió al Partido Comunista. Con razón. Porque no era una fuerza democrática, era un brazo del aparato soviético. Porque no quería hacer oposición: quería el poder absoluto. Y porque su modelo era el de Stalin, el del paredón, el del estado total. España no podía permitirse ese lujo. Y Franco lo sabía.

Hoy, con la izquierda radical colándose en las instituciones, reescribiendo la historia y metiendo su doctrina en las aulas, parece que se ha olvidado la amenaza que supuso el comunismo real. El de las cunetas en masa, el de las cartillas de racionamiento, el de los comisarios políticos y los campos de trabajo. Franco no lo olvidó.

Porque gobernó con firmeza cuando hacía falta. Porque protegió a su pueblo de una ideología destructiva que hoy, por ignorancia o cinismo, muchos vuelven a blanquear. Y porque gracias a él, España no acabó como Albania, Rumanía o Corea del Norte.

Franco fue el muro. El cortafuegos. Y esa, es una de las razones más claras por las que este país no se fue al carajo.

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