La justicia de Franco. Más pruebas incuestionables.Por Francisco Bendala Ayuso
La contienda española 1936-39 terminó como el rosario de la aurora, es decir, a tortas entre los que hoy se quieren hacer pasar por demócratas de toda la vida; y es que cualquier resistencia de parte de Negrín y los comunistas era más crimen de lesa humanidad que heroísmo.
Para finiquitar de una vez dicha contienda, el Col. Segismundo Casado, con el histórico líder socialista Julián Besteiro –de siempre opuesto a la bolchevización del PSOE impuesta por Largo Caballero y Prieto, así como a la guerra–, llevaron a cabo un golpe en toda regla con la entusiasta colaboración de los anarquistas encabezados por el histórico líder Cipriano Mera, cuyo triunfo hizo salir de España por piernas a los comunistas para no volver más… hasta la muerte de Franco –excepción hecha de los terroristas que se quedaron en los montes durante algún tiempo, hoy calificados falsamente de «guerrilleros por la democracia y la libertad»–, propiciando así el final de la guerra mediante la lógica rendición incondicional impuesta por el Generalísimo.
Hoy, y desde hace décadas, se bombardea a los españoles con toneladas de pretendida historiografía que no es sino pura, burda y falsa propaganda al más tradicional estilo marxista-leninista con el fin de hacer olvidar los execrables crímenes de todo tipo cometidos por los frentepopulistas (que no republicanos) –PSOE/UGT, PCE/JSU, ERC, PNV, CNT/FAI–, convirtiendo a los verdugos en víctimas y viceversa; lo que han conseguido por la incomparecencia o peor aún activa colaboración de “los otros”, la “derecha”, esa línea UCD-AP-PP que tiene, si cabe, más culpa que aquéllos.
Uno de los temas más recurrentes, entre muchos, es el de la supuesta «terrible represión» que, según dicen, llevaron a cabo con saña sin par los vencedores de la contienda, quienes, al parecer, eran lobos sedientos de sangre que se paseaban por las calles matando a diestro y siniestro.
Lo anterior se contradice con las fuentes documentales originales y con los hechos también más que documentados, por lo que la falsedad del «relato» de la «represión» queda cada día más en evidencia ante la realidad de la verdad histórica que, como verdad que es, terminará por abrirse paso antes o después.
Como botón de muestra de esa «terrible represión», que no sólo no fue tal, sino que fue justicia obligada ante el cúmulo de barbaridades perpetradas por los frentepopulistas, vamos a analizar, como botón de muestra, entre miles posible, lo ocurrido con los que apoyaron el golpe de Casado y los que se enfrentaron a él, es decir, los que procuraron terminar de una vez con la sangría innecesaria y criminal, y los que pretendieron continuarla por bastardos intereses partidistas. Veamos lo que ocurrió con los responsables de uno y otro lado que fueron detenidos, salvo algún caso, el mismo 1º de Abril de 1939, día de la victoria.
Entre los mandos «casadistas» y «anticasadistas» fueron procesados en 1939 en consejos de guerra sumarísimos legales y legítimos, con todas las garantías jurídicas de la legislación de la II República entonces en vigor en el bando nacional siempre bajo la autoridad del Generalísimo, 90 mandos, de los cuales 24 eran militares profesionales y 66 jefes de milicias frentepopulistas.
De los 24 militares, 4 pertenecían al PCE y 20 no tenían adscripción política alguna, habiendo sido 8 de ellos colaboradores durante la guerra del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) nacional.
De los 66 jefes de milicias, 28 eran del PCE/JSU, 19 del PSOE/UGT, 8 de la CNT/FAI, 1 de Izquierda Republicana (IR) y 10 carecían de adscripción política; entre ellos había 11 comisarios políticos.
Del conjunto de ambos grupos, o sea, de los 90 mandos entre militares y jefes de milicias juzgados, 9 se encontraban huidos, 7 causas fueron sobreseídas de inmediato quedando en libertad y a pena de muerte fueron condenados 33; el resto a distintas penas de cárcel.
De los 33 condenados a muerte, 21 fueron ejecutados: 1 militar profesional y 20 jefes de milicias (de ellos 4 eran comisarios políticos) –dos, Godofredo Labarga Carballo y Juan Sáez de Diego, ambos del PCE y guardias de Asalto al inicio de la guerra, habían estado implicados en el asesinato de Calvo Sotelo en 1936–; de los 20 jefes de milicias fusilados, 14 eran del PCE/JSU, 3 de la CNT/FAI, 2 del PSOE/UGT y 1 sin adscripción política.
De los 53 condenados a penas de cárcel efectivas, incluidos los 12 que lo fueron a 30 años por conmutación de la de muerte, 5 quedaron libres en 1940, 6 en 1941, 11 en 1942, 7 en 1943, 12 en 1944, 8 en 1945, 2 en 1946 y otros 2 en 1949; es decir, que en un máximo de nueve años, en el peor de los casos, estaban todos en la calle a pesar de su cadena perpetua.
En los consejos de guerra, además comparecer testigos de cargo y de descargo, en contra y a favor de los encartados, constan los informes solicitados por sus actuaciones durante la guerra, teniéndose sobre todo en cuenta como agravante los delitos de sangre, resultando que 23 de los 66 jefes de milicias no los tuvieron, lo que se consideró atenuante; también como agravantes o atenuante se tuvo en cuenta, sobre todo respecto a los militares profesionales, si su incorporación al ejército frentepopulista había sido voluntaria, forzosa o por obediencia debida; asimismo se consideró atenuante el haber sido partidario del Alzamiento –pero que por circunstancias de fuerza mayor no se pudieron incorporar a él– y, más aún, si habían colaborado con el SIPM y/o la Quinta Columna nacionales. Agravante fue considerado que hubieran participado en «castigos a desertores», es decir, en la ejecución de soldados que intentaron o sustraerse a la recluta o pasarse al bando nacional.
Todo ello calibrado y perfectamente documentado fue lo que se sustanció en sus respectivos consejos de guerra y lo que desequilibró la balanza en su favor o en contra a la hora de dictar sentencia.
Hay casos llamativos, como el de jefes de milicias que alegaron como atenuantes, y demostraron, por ejemplo, que protegieron a «clandestinos», «perseguidos» o «gentes de derechas», dándose el caso de que muchos de los beneficiados por ellos testificaron sin problema alguno a su favor; también se tuvo en cuenta, como atenuante, actuaciones como las siguientes: Ramón Díaz Hervás, de la UGT, empleado de la Unión Eléctrica Madrileña al inicio de la guerra y comisario político durante toda ella, del que se probó que había salvado a siete monjas; o Manuel Juan Oliva Gumiel, de la UGT, operador cinematográfico al inicio de la guerra que terminó de Mayor de milicias, quien colaboró activamente en preservar la imagen del Cristo de Jesús de Medinaceli de Madrid.
El único militar profesional fusilado fue el Gral. Toribio Martínez Cabrera, que ya lo era al comienzo de la guerra y continuó siéndolo durante toda ella, asumiendo importantes responsabilidades; su ejecución se debió a que impidió en Julio de 1936 el éxito del Alzamiento en Cartagena y en su importantísima base naval, cuya guarnición mandaba.
El Col. Adolfo Prada Vaquero, jefe de las fuerzas frentepopulistas del Norte en su momento, y mando que rindió Madrid a los nacionales, después de ser condenado a muerte quedó libre en 1945.
El Gral. Manuel Gómez Matallana, uno de los principales jefes militares frentepopulistas, debido su colaboración con el SIPM desde Diciembre de 1937 –partidario de acabar la guerra y además sin condiciones, entregó los planos del despliegue militar frentepopulista días antes de acabar la contienda–, fue condenado a 30 años quedando en libertad en 1941.
Colaboradores también del SIPM fueron mandos militares tan destacados como los Tte,s Col,s Francisco García Viñals y Miguel Rodríguez Pavón, y el Cte. médico Antonio Garijo Hernández, así como los Col,s José López Otero y Félix Muedra Miñón, junto con los Mayores Julián Suárez Inclán y José Mª Vázquez López, todos los cuales quedaron en libertad a más tardar en 1941.
De entre los jefes de milicias, el más destacado fue el anarquista Cipriano Mera Sanz, jefe al final de la guerra del IV Cuerpo de Ejército del Ejército Centro, apoyo esencial del Col. Casado para el triunfo del golpe, quien, exiliado en el Marruecos francés, fue entregado a España en Febrero de 1942. Condenado a muerte en Abril de 1943, quedó en libertad en Septiembre de 1946 pudiendo haber permanecido en España sin problema alguno, sólo que decidió exiliarse en Francia para ser «coherente con su ideario anarquista».
Como vemos, los procesos, las penas, y más aún los indultos, muestran palpablemente la justicia y equidad de los nacionales, de Francisco Franco, para con los enemigos de España, para con sus enemigos, para con los vencidos, ejemplos estos de verdad histórica que, como otros miles cuando se analizan, revisan y estudian con seriedad, al detalle y sin «orejeras ideológicas», dejan en evidencia la superchería, falsedad e infamia de la «represión» y de la «dictadura» hoy tan cacareada por los de siempre, bien que, como hemos ya apuntado al principio, gracias a la ayuda de los renegados de sí mismos, los peperos y demás adláteres.
Algunos datos «Madrid 1939. La conjura del Col. Casado» de Ángel Bahamonde.