Sentencia: profanar la tumba de Franco es «libertad de expresión»
No queremos ni pensar cual hubiera sido la sentencia si la tumba profanada hubiera sido, por ejemplo, la de la Pasionaria.
No queremos ni pensar cual hubiera sido la sentencia si la tumba profanada hubiera sido, por ejemplo, la de la Pasionaria.
Malas noticias en Torrespaña: el programa de Jesús Cintora en RTVE ha pinchado. Según publica The Objective, el flamante estreno ha tenido menos tirón que un documental de corcho blanco. Y eso que venía con toda la artillería del progresismo acomodado: risas falsas, Franco como malo recurrente y el eterno relato de buenos y malísimos con banda sonora épica y mucha indignación plastificada.
Lo que hoy denuncia este titular no es solo un insulto a la verdad histórica: es una ofensiva más del régimen progresista contra la memoria de quien salvó a España del caos, del comunismo y de la disolución nacional. Un concurso escolar, financiado con dinero público. ¡75.000 euros!, para que nuestros hijos programen videojuegos burlándose de Franco. ¿Hasta dónde quieren llegar?
Hay cosas que uno no debería olvidar. No porque viva anclado en el pasado, sino porque hay heridas que siguen abiertas y enseñanzas que siguen vigentes.
La diócesis de Barbastro-Monzón sufrió una intensa persecución religiosa durante la Guerra Civil, en la que fueron asesinados numerosos sacerdotes y religiosos. El testimonio de fe de Asensio y de otros mártires de la región es recordado como un ejemplo de fidelidad y perdón en tiempos de adversidad.
Hubo un tiempo en que ser obispo en España podía costarte la vida. Entre 1936 y 1939, 13 obispos fueron asesinados por el Frente Popular, muchos de ellos por milicianos del PSOE. No renegaron de su fe. No pidieron permiso para defender la verdad. Murieron como mártires. Con dignidad. De pie. Con la cruz en alto.