Cuando España no pedía permiso para ser España

Cuando España no pedía permiso para ser España

En una época en la que nuestros gobernantes corren a Bruselas con la mano extendida y la rodilla doblada, cuesta imaginar que hubo un tiempo en que España decidía por sí misma. Que no necesitaba la bendición de tecnócratas europeos ni el chantaje constante de la OTAN o del FMI. Ese tiempo fue el franquismo. Y no por capricho, sino por principios. Porque Franco entendía algo que hoy ningún político tiene el valor de defender: la soberanía nacional no se negocia.

La España segura de Franco

La España segura de Franco

Hoy España es un país donde te roban el móvil en el metro, ocupan tu casa con total impunidad y los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra con una palmadita en la espalda. Donde la policía pide permiso para actuar, los jueces están atados y los políticos te dicen que sentirte inseguro es “una percepción subjetiva”. Pero hubo un tiempo en el que eso no pasaba. En el que se podía vivir con la puerta abierta. En el que el que la liaba, la pagaba. Y ese tiempo era el del franquismo.

Cuando el que mandaba lo hacía con seriedad, no con chascarrillos y campañas de TikTok

Cuando el que mandaba lo hacía con seriedad, no con chascarrillos y campañas de TikTok

Hoy tenemos políticos que se graban bailando, que hacen el ridículo en platós de televisión, que no saben hablar sin un teleprompter y que gobiernan según el trending topic del día. Y lo peor: nos hemos acostumbrado. Nos parece normal tener un circo institucional en vez de un gobierno serio. Por eso cuesta tanto imaginar que hubo una época en la que quien ocupaba la jefatura del Estado imponía respeto, sobriedad y sentido del deber. Ese fue Francisco Franco.

Leyes del franquismo que siguen funcionando: lo que no han podido destruir

Leyes del franquismo que siguen funcionando: lo que no han podido destruir

Nos han contado que todo lo que vino de Franco era oscuridad, atraso y represión. Que el franquismo fue una era siniestra donde no se hizo nada útil. Pero la realidad, que es persistente, se empeña en recordarnos que muchas de las leyes, instituciones y estructuras creadas durante el régimen siguen vivas. Y no porque nadie las quiera conservar, sino porque funcionan. Porque fueron bien hechas. Y porque los gobiernos posteriores, a pesar de su obsesión por borrar el pasado, no han tenido arrestos ni talento para mejorarlas.