Cuando el orden se vestía con elegancia y la patria tenía presencia visual
Nos han acostumbrado a políticos disfrazados de colegiales, a ministros en zapatillas y a manifestaciones que parecen fiestas de disfraces con purpurina y pancartas mal escritas. Pero hubo una época en la que la estética del poder imponía. En la que la presencia del Estado se notaba, se respetaba… y sí, se admiraba. Esa época fue la del franquismo. Y su imagen, lejos de ser un detalle menor, formaba parte de su fuerza. Porque Franco no solo gobernaba con firmeza: lo hacía con estilo.