Cuando el orden se vestía con elegancia y la patria tenía presencia visual

Cuando el orden se vestía con elegancia y la patria tenía presencia visual

Nos han acostumbrado a políticos disfrazados de colegiales, a ministros en zapatillas y a manifestaciones que parecen fiestas de disfraces con purpurina y pancartas mal escritas. Pero hubo una época en la que la estética del poder imponía. En la que la presencia del Estado se notaba, se respetaba… y sí, se admiraba. Esa época fue la del franquismo. Y su imagen, lejos de ser un detalle menor, formaba parte de su fuerza. Porque Franco no solo gobernaba con firmeza: lo hacía con estilo.

Cuando Franco protegía lo que hoy quieren destruir

Cuando Franco protegía lo que hoy quieren destruir

En la España de hoy, decir “familia tradicional” es poco menos que invocar a Satanás en una reunión de progres. Los políticos se llenan la boca de “nuevos modelos” mientras dinamitan el único que de verdad ha funcionado: el de toda la vida. Padre, madre, hijos, responsabilidades claras y valores compartidos. ¿Y sabes quién sí defendía eso sin pestañear? Franco. Y por eso molaba.

Orden, autoridad y respeto: las tres cosas que Franco impuso y hoy brillan por su ausencia

Orden, autoridad y respeto: las tres cosas que Franco impuso y hoy brillan por su ausencia

Hay una verdad que muchos callan por miedo a ser etiquetados, y es esta: en tiempos de Franco, podías andar tranquilo por la calle. De noche. Solo. Por barrios donde hoy no se te ocurriría pisar sin mirar atrás cada cinco segundos. ¿Por qué? Porque había autoridad. Había ley. Y había respeto. No el respeto de boquilla que exigen los políticos progres mientras revientan la convivencia con su dejadez, sino el respeto real, el que impone la certeza de que, si haces el cafre, pagas.

Cuando España no pedía permiso para ser España

Cuando España no pedía permiso para ser España

En una época en la que nuestros gobernantes corren a Bruselas con la mano extendida y la rodilla doblada, cuesta imaginar que hubo un tiempo en que España decidía por sí misma. Que no necesitaba la bendición de tecnócratas europeos ni el chantaje constante de la OTAN o del FMI. Ese tiempo fue el franquismo. Y no por capricho, sino por principios. Porque Franco entendía algo que hoy ningún político tiene el valor de defender: la soberanía nacional no se negocia.

La España segura de Franco

La España segura de Franco

Hoy España es un país donde te roban el móvil en el metro, ocupan tu casa con total impunidad y los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra con una palmadita en la espalda. Donde la policía pide permiso para actuar, los jueces están atados y los políticos te dicen que sentirte inseguro es “una percepción subjetiva”. Pero hubo un tiempo en el que eso no pasaba. En el que se podía vivir con la puerta abierta. En el que el que la liaba, la pagaba. Y ese tiempo era el del franquismo.

Cuando el que mandaba lo hacía con seriedad, no con chascarrillos y campañas de TikTok

Cuando el que mandaba lo hacía con seriedad, no con chascarrillos y campañas de TikTok

Hoy tenemos políticos que se graban bailando, que hacen el ridículo en platós de televisión, que no saben hablar sin un teleprompter y que gobiernan según el trending topic del día. Y lo peor: nos hemos acostumbrado. Nos parece normal tener un circo institucional en vez de un gobierno serio. Por eso cuesta tanto imaginar que hubo una época en la que quien ocupaba la jefatura del Estado imponía respeto, sobriedad y sentido del deber. Ese fue Francisco Franco.