Cuando Franco protegía lo que hoy quieren destruir

En la España de hoy, decir “familia tradicional” es poco menos que invocar a Satanás en una reunión de progres. Los políticos se llenan la boca de “nuevos modelos” mientras dinamitan el único que de verdad ha funcionado: el de toda la vida. Padre, madre, hijos, responsabilidades claras y valores compartidos. ¿Y sabes quién sí defendía eso sin pestañear? Franco.

El franquismo entendía que una nación no se construye desde el capricho ni desde el caos. Se construye desde el hogar. Y por eso la familia fue el núcleo esencial del proyecto social del régimen. No había ministerios de Igualdad que vivieran del victimismo subvencionado, había políticas reales que fomentaban la natalidad, el matrimonio, la protección a las madres y el respeto intergeneracional. No se idolatraba el “yo”, se protegía el “nosotros”.

Se crearon mecanismos de apoyo a las familias numerosas, se impulsó la vivienda pública para matrimonios jóvenes, se establecieron ventajas fiscales para hogares estables y se fomentó la autoridad paterna. Los niños iban al colegio uniformados, sabiendo que detrás había un padre que trabajaba, una madre que educaba, y un sistema que no les empujaba a cambiarse de género con 12 años porque se aburrían en clase.

La moral no era una opción de supermercado: era un marco. Había cosas que estaban bien y cosas que estaban mal. Y eso no lo decidía cada uno en función de su agenda emocional. Se respetaba la religión, la patria, el trabajo y la decencia. No se celebraban “orgullos” cada dos semanas, ni se convertía el hedonismo en ley. Se aspiraba a algo más alto que uno mismo: a servir, a construir, a dejar huella.

¿Significa esto que todo era perfecto? No. Pero al menos había una dirección. Hoy todo es dispersión, narcisismo y relativismo moral. Todo vale, nada importa. El matrimonio es una broma, la paternidad es un estorbo, y la familia está completamente desprotegida. Se premia al que se disuelve, se castiga al que resiste.

En tiempos de Franco, no. Se sabía que la familia fuerte hace sociedades fuertes. Que el orden moral no es una cadena, sino una brújula. Y que proteger esos valores no es “rancio”, es imprescindible. Gracias a eso, millones de españoles crecieron en hogares estables, aprendieron respeto, conocieron el deber, y fueron ciudadanos útiles.

Franco no pidió perdón por defender lo evidente. Porque construyó sobre roca, no sobre arena. Porque mientras hoy se promueve la fragmentación emocional como estilo de vida, él defendía una estructura que daba sentido, protección y dignidad.

La familia. El orden. La moral. Lo que ahora quieren borrar fue, durante décadas, el fundamento de un país que funcionaba.

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