La reescritura histórica del sanchismo: memoria selectiva y adoctrinamiento institucional
Si algo caracteriza a los regímenes que ansían el control absoluto es su necesidad de manipular la historia. No les basta con gobernar el presente: necesitan adueñarse del pasado para moldear el futuro. Y Pedro Sánchez lo sabe bien. Su «España en libertad» no es más que un burdo intento de imponer su relato, de borrar lo incómodo y reescribir la historia con tinta partidista.
La estrategia es clara: seleccionar, tergiversar y eliminar. Seleccionar los episodios que les beneficien, tergiversar los que no encajan con su discurso y eliminar los que directamente contradicen su versión de los hechos. No importa la realidad, sino la narrativa que mejor sirva a su proyecto ideológico. La verdad es prescindible cuando el objetivo es crear una sociedad adoctrinada y sumisa.
Esta manipulación no es sutil ni disimulada. Es descarada y agresiva. Se cambia el nombre de calles y monumentos, se reinterpreta la historia en los libros de texto y se demoniza cualquier perspectiva que se aparte del pensamiento único impuesto por el gobierno. Las instituciones públicas se convierten en herramientas de propaganda, y los medios afines repiten el guion oficial sin cuestionarlo.
Lo más irónico es que este intento de «corregir» la historia no se hace en pos de la verdad o la justicia, sino del poder. Se nos dice que debemos recordar algunos episodios y olvidar otros, que hay víctimas que merecen memoria y otras que deben ser ignoradas. Se impone una versión maniquea de la historia en la que los «buenos» y los «malos» ya han sido designados por decreto. No hay debate, no hay matices, no hay análisis crítico: solo el dogma del régimen.
Pero la historia no se puede secuestrar para siempre. La verdad, por mucho que la intenten tapar con propaganda institucional y leyes de memoria selectiva, siempre encuentra la manera de abrirse paso. Y cuando lo haga, la gran pregunta será: ¿qué quedará de esta farsa llamada «España en libertad»?. Porque la verdadera libertad empieza por permitir que el pasado sea analizado sin censura, sin manipulación y sin imposiciones ideológicas.