La «España en libertad» de Sánchez: Una farsa cínica para disfrazar su autoritarismo

La libertad es un concepto demasiado grande, demasiado poderoso, como para ser reducido a la patética propaganda de un gobierno que ha hecho del control, la censura y la persecución su bandera. Pero aquí estamos, viendo cómo Pedro Sánchez y su séquito intentan vendernos la moto con su «España en libertad», un eslogan vacío diseñado para ocultar el hedor de su deriva autoritaria.

¿De qué libertad nos hablan? ¿De la libertad de expresión? No será la misma que intentan sofocar cada vez que alguien osa desafiar su relato oficial. No será la de los periodistas que son apartados o silenciados por atreverse a criticar al gobierno. No será la de los jueces que ven cómo el ejecutivo intenta moldear la justicia a su antojo. Ni mucho menos la de los ciudadanos que tienen que soportar un Estado cada vez más intervencionista, que decide qué puedes decir, qué debes pensar y hasta qué historia te conviene recordar.

Esta «España en libertad» es la gran estafa semántica de la izquierda. Se apropian del concepto de libertad como si les perteneciera, mientras legislan para restringirla, manipulan los medios de comunicación y se aseguran de que solo se escuche su versión de la realidad. Bajo su mandato, la pluralidad es un chiste y el pensamiento crítico un crimen. La estrategia es clara: adueñarse del lenguaje para que nadie se dé cuenta de que están ejecutando justo lo contrario de lo que predican.

¿Dónde está la libertad en un país donde se dictan leyes para perseguir a quien no repita el discurso oficial? ¿Dónde está la libertad en una sociedad donde discrepar puede costarte el trabajo, la reputación o incluso problemas legales?

Lo que Sánchez y sus marionetas venden como «España en libertad» no es más que la versión moderna del viejo despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Porque aquí la libertad solo vale si encaja en su molde ideológico, y si no, ya se encargarán de borrarte del mapa.

La verdadera libertad no necesita etiquetas oficiales ni campañas gubernamentales. La verdadera libertad se vive, se respira y, sobre todo, se defiende. Y cada día está más claro que quienes dicen representarla son en realidad sus mayores enemigos.

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